DETENTE – La importancia de parar

DETENTE – La importancia de parar

Hemos creado una sociedad que vive sin parar, estamos con constantes prisas, siempre corriendo, cada día nos ocupamos con asuntos urgentes, estamos apurados, pensando y moviéndonos a toda velocidad. Nuestro día se parece a un tiovivo, lleno de sensaciones y acontecimientos, también bonitos, pero sin parar. ¿Alguna vez te has preguntado por las consecuencias de una vida tan rápida?

VISUALIZACIÓN 1

Recuerda la comida de ayer. ¿Qué fue? ¿Te acuerdas de todos los ingredientes, de la textura, del olor y sabor? ¿Recuerdas cómo se sentía masticarla y  la sensación de gusto o disgusto que te proporcionaba? Cada vez hay más personas que no se acuerdan de lo que comieron el día anterior, porque han comido deprisa, dedicando su atención en el momento a otra actividad, p. ej. ver la tele, leer, hacer planes para el resto del día o revivir en la cabeza una discusión reciente. Si uno se fija en otra cosa mientras está comiendo, ni disfruta de la comida lo suficiente, ni aprovecha plenamente lo que ésta le aporta. Es más, a menudo incluso comemos de más, porque ni siquiera nos damos cuenta de lo que ya hemos comido. No estamos conscientes de ello. Es como viajar con un autobús leyendo – te enterarás de lo que cuenta el libro, pero no te enterarás de los paisajes, por cuales estás pasando.

VISUALIZACIÓN 2

Visualiza una situación, en la cual te encontrabas con muchas prisas. Quizás en el trabajo intentando cerrar varios asuntos a la vez, o quizás llevando tus niños por la mañana al colegio, a la vez atendiendo el teléfono y pensando en lo que debes hacer después. Una típica situación de estrés, ¿verdad? Analiza tu estado. ¿Te subió la tensión, el corazón latía acelerado, los pensamientos se parecían a unos relámpagos? ¿Estabas en éste momento mucho más propicio a contestar las preguntas de tus hijos gritando y sin paciencia? ¿Más propicio a hablar en un tono irritado a tus compañeros? ¿A dar un golpe al objeto que tenías a mano?

REFLEXIÓN

¿Cuándo te paraste la última vez para analizar de dónde viene la comida que tienes en tu plato? ¿Cuándo has mirado la última vez el cielo? ¿Cuándo fue la última vez que te diste cuenta de los orígenes y las consecuencias de las emociones que sientes? ¿Cuándo te preguntaste por el sentido de tu vida, cuándo estabas consciente que algún día te morirás y lo que ello significa para lo que estás haciendo ahora? Son cuestiones importantes, pero atrapados en las prisas del mundo capitalista, enfocados únicamente en consumo y placeres, no solemos pensar en ellas. Pero cuando te morirás, ¿tendrá importancia el móvil que tienes o el peinado nuevo de una estrella del cine? Analiza a qué cosas estás dedicando tu tiempo y tu atención y pregúntate si lo merecen. Imagínate en el momento de enfermedad o muerte y reflexiona, qué es realmente lo esencial en tu vida.

SACAR TUS PROPIAS CONCLUSIONES

Si conoces bien situaciones de los dos primeros ejemplos significa que vives con bastantes prisas. No es difícil sacar las conclusiones: Las prisas y el estrés que provocan, causan que hagamos las cosas inconscientemente y por tanto no las disfrutamos, no las aprovechamos, no nos alegramos de ellas. Adicionalmente, son dañinas para nuestra salud, influyen negativamente a nosotros y a los demás, y encima nos pueden llevar incluso al punto en el cual perdemos el control sobre uno mismo. Al igual como nos hacen olvidarnos de los asuntos realmente importantes seduciendo nuestra atención con millones de pequeñas tonterías. Muchas veces es una enfermedad grave o un trauma que son necesarios para que paremos y reflexionemos sobre todo eso. Pero no necesitas esperarte a ese tipo de impulsos, que encima a menudo vienen demasiado tarde. Puedes actuar ya hoy mismo y hacer el cambio.

EL CAMBIO

Realmente no es nada difícil. Lo más difícil es darse cuenta, pero una vez lo has logrado, verás que los remedios son muy simples. Te ofrezco abajo unas ideas. Puedes modificarlas o inventarte otras según tus necesidades y posibilidades. Lo importante es que los cambios sean pequeños y que no te sobrecargues. Ve paso por paso, ten paciencia contigo mismo y no te regañes si no cumples alguna.

  1.     Despiértate por la mañana 10 minutos antes y medita o simplemente reflexiona, cómo te sientes en ese preciso momento o qué te parece lo más importante éste día (p. ej. pasar algo de tiempo con tus hijos, disfrutar de una actividad – aunque sea tu trabajo, comer conscientemente o hablar un rato con tu padre).
  2.     Procura hacer descansos mentales cortitos tan a menudo como puedas (p. ej. en el trabajo cierra tus ojos para 30 segundos y siéntete a ti mismo; antes de llamar a alguien, para un momento y visualiza a la persona y lo que sientes; antes de comer tómate un momento para pensar en todas las personas y procesos que fueron necesarios para que la comida llegue a tu plato).
  3.     Si entras en una situación, en que las prisas o el estrés te empiezan a controlar, desconecta un momento, aunque sean solo meros segundos. Cierra los ojos, inspira y expira profundo unas veces, recuérdate con tu voz interna con toda la suavidad y tranquilidad “tranquilo, sé que sientes estrés, pero no necesitas sucumbir a él”.

Gracias por leer ese artículo y ahora sigue con tu vida – pero recuerda de detenerse de vez en cuando.


Un artículo de....

Kasia Pindur
Posted on 19/07/2018 by Kasia Pindur Consciencia y Espiritualidad, Crecimiento Personal 0 632

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